Escena de Lectura
Alta Fidelidad
Cuando uno piensa en algún momento de la vida, es inevitable relacionarlo
con una canción o una película. Podes pasar por algún lugar y recordar la
estrofa de una canción que escuchaste las veces pasadas que pasaste por ese
lugar o intuitivamente relacionar una canción con una frase, una persona o un
recuerdo. Tal como lo realiza Rob Gordon, el protagonista de Alta Fidelidad (Stephen Frears, 2000).
Para detallar la elección del tema de la escena de lectura, debo retroceder
ocho años en el tiempo.
Es el año 2014, asistía a sexto grado de la escuela primaria. Con tres de
los cuatro que conformaban mi grupo de amigos en ese momento, todos los viernes
de una a tres de la tarde cursábamos el taller de música.
Era una actividad aparte que se realizaba en el colegio, dada por el mismo
profesor que enseñaba la materia Música. La expresión taller de música es medio
errónea a decir verdad porque en el último año nada más era un taller de
guitarra, las siete personas del taller practicábamos guitarra.
Los años anteriores hubo compañeros con otros instrumentos, como teclado,
bombo, piano, flauta y pandereta. Más allá de que los otros dos años, pudieron
haber sido más interesantes desde la diversidad musical, yo recuerdo el último
año con mucho cariño y nostalgia. Puede ser que tenga mucha nostalgia de ese
año, tanto por tratarse del último de primaria, como también por el hecho de
casi nunca más vi a la mitad de mis compañeros de taller. Dos de ellos, eran
más chicos que yo, los vi un par de veces durante los recreos, cuando ya estaba
en primer año de secundario y después se cambiaron, no los volví a ver. Salvo
contadas veces, tampoco volví a reencontrarme con mi amigo Tomás, pieza
esencial de nuestro grupo de amigos.
Reflexionándolo desde una mirada actual, el taller, valga la redundancia,
era muy similar a la clase de Taller de Expresión. En el sentido en que me
divertía con mis amigos, no importaba tanto la actividad en sí y era un muy
buen espacio para distenderse.
Compartía el taller con mis mejores amigos (Ezequiel Grillo, Tomás
Constanzo y Franco Gerez) y con mis amigos del taller (Lucia, Manu trucho y
Alejo Hijitus).
Ok, quién puede estar leyendo esto, se confunda con los nombres de estos
últimos tres.
Si Alejo Hijitus tenía nombre, simplemente no lo recuerdo, creo que era
Luciano o algo así. Recibía el nombre de Alejo por su extraño parecido con mi
compañero Alejo Lescano, realmente eran casi exactamente iguales y el profesor
lo apodo de esa forma. El "Hijitus" también fue puesto por el
profesor porque alejo era tan pequeño que le decía que era como un
"hijito" debido a su baja estatura. Era un año menor que yo y mis
amigos, tenía una guitarra enana (las demás guitarras eran más altas que él) y
recuerdo que estudiaba aparte del colegio en una escuela de payasos, su familia
estaba en el negocio del circo.
De Lucia no recuerdo mucho, no me acuerdo su apellido, pero recuerdo que
éramos amigos. También era un año menor, era bastante tranquila y callada, no
le molestaba ser la única chica del taller.
De Manu trucho tengo recuerdos más presentes, asistió al IEDO hasta fines
de 2017. Hay una buena anécdota de su nombre: El profesor avisó en el almuerzo
que un Manuel (no sabíamos quién) llegaría una hora más tarde al taller. Con
nuestro grupo de amigos inmediatamente pensamos en Manuel Bernardez, quien
completaba nuestro círculo. Ezequiel tenía la certeza de que se trataba de él,
así que apostó con el profesor Gonzalo.
Lamentablemente, una hora más tarde llego un niño de unos 8 años y Gonzalo
lo presento como "Manuel". Al perder la apuesta, Ezequiel se rehusó a
llamarlo Manuel y lo acuño cómo Manu "Trucho". Durante todo el año Ezequiel tuvo que ayudar
al profesor Gonzalo con la materia, con los instrumentos y con el dictado de
las clases.
Gonzalo era un maestro muy bueno, lo tuve en los seis años de la escuela
primaria. Sabía ver los problemas, sabía gestionar y armar grupos. Tenía
actitudes paternalistas y sabía marcarnos el camino tanto a mí como a mis
amigos.
Justo vivía a dos cuadras de la casa de mi abuela. Cómo mis papás
trabajaban todo el día, ese último año, me acercaba con el auto hasta la casa
de mi abuela. En el camino, ponía música e íbamos hablando de los temas de ese
momento: acerca de por qué a Tevez no lo habían convocado al mundial, la hazaña
de Costa Rica, los recitales de Tan Biónica y los precios cuidados.
Yo asistía al taller porque me gustaba la música, pero no tenía definido mi
estilo musical. Estaba en la edad para empezar a interiorizarme en la música y
definir que me gusta.
En uno de las charlas en el auto, a la salida del colegio, Gonzalo me
pregunta cuál era mi canción favorita. Yo contesté Inmigrant Song, Lo único que mi papá escuchaba era Led Zeppelin y
era una canción que me parecía muy buena, también salía en Escuela de Rock (Richard Linklater, 2003).
Gonzalo oyó la respuesta, saco un pendrive de su bolsillo y lo conecto al
mp3. Me mostró una canción, creo que era Don't
Look Back In Anger.
El chispazo fue inminente, esa canción, que no era la gran cosa, me había
impresionado. Era diferente al rock que escuchaba mi papá, más armonioso y con
más instrumentos a disposición. Pero eso solamente fue el chispazo inicial.
A mi papá le sucedió de una forma similar. Cuenta la leyenda que, a los 13
años de edad, mi papá estaba sentado en la esquina de su cuadra, tomando Coca
Cola en la calle con sus amigos, hasta que uno de ellos, Marcelo, les dijo que
entrarán porque tenía un grupo de música que enseñarles.
Marcelo inserto el cassette en su equipo de música y sonaba Black Dog. Mi viejo quedó enamorado del
riff, las bajadas y subidas de la canción como de la voz del vocalista. A
partir de ese día, comenzó a averiguar todo sobre esa banda y se preguntaba
como nunca había escuchado nada de ellos. Al día de hoy, posee casi más de 30
CD, más de 20 DVD con conciertos o películas, presenció en el cine Celebration Day (Dick Carruthers, 2012), fue al concierto de reencuentro de
2007 y asistió a conciertos en solitario de Robert Plant y Jimmy Page.
Mi chispazo con esa canción, en cambio, tardo en procesarse.
En la casa de mi abuela no tenía internet, tenía que llegar a casa, acordarme
la letra y buscarla. Seguramente me habré frustrado en ese momento o la habré
buscado y no la habré encontrado. Seguían estando en mi cabeza los acordes de
la canción.
Dos años después, junio de 2016, la canción volvió hacia mí. Curiosamente,
nos juntamos en la casa de franco con Manuel, Grillo y Morena para hacer un TP
de música. Juntarse significaba estar una hora resolviendo el trabajo y tres
divagando.
Ezequiel y Manu ya se habían ido, Franco fue a pedirle a su tío si le podía
prestar un parlante. El tío de franco
vivía atrás de su casa, en ese momento su casa todavía estaba en construcción,
eran cemento y ladrillos sin pintar ni revocar.
Franco conectó su celular al parlante, abrió YouTube y esa canción retorno
a mi vida. Instantáneamente, le pregunté a franco el nombre del grupo, apenas
me contestó, le pedí que me pase el link de la canción por WhatsApp.
Después de dos años, esa canción regresaba a mi conciencia. No podía creer
lo afortunado que era, apenas retorné a casa, comencé a investigar de que se
trataba.
Supongo que ahí surgió el germen de Oasis. Durante todo ese año, me
interioricé en sus discos, covers y B Sides.
El punto máximo al que llegue se dio en la Feria educativa de la escuela.
La feria educativa es el evento que te puede llegar a salvar el año, si haces
algo, soportas las cinco horas que dura y alentas a los padres a qué vean tu
trabajo.
En ese segundo año, a la profesora de música, ya no profesor por el
nacimiento de la hija de Gonzalo, se le ocurrió que podía hacer algo en su
materia. Divididos en cinco grupos, cada grupo debía escribir una canción y si
encima se tocaba en la feria, el 10 lo regalaba.
Hice grupo con Franco, Francisco, Federico y Giuliana. La canción era
bastante mala, había escrito la letra, pero no me convencía mucho. Franco usó
los arreglos de Live Forever y de Lucky Man (The Verve), quedaban bastante
bien con el tono de la copla.
Ningún grupo se animó a tocar en la feria, salvo nosotros.
El mismo día de la feria, me avisaron que me tocaba cantar. Era lógico,
después de todo era una letra mía. Ezequiel también se prendió y nos acompañó
con la guitarra. Franco y Ezequiel en la guitarra, Federico y Francisco en la
percusión, Giuliana con la pandereta y yo cantando.
No me acuerdo si salió bien o si la gente aplaudió por puro compromiso,
pero guiándome por estas fotos, por lo menos, nos divertimos.
En aquel año, aún no entendía mi arraigo hacia aquella banda. Me gustaba
como sonaban los temas, el acople instrumental y la potencia de los riffs de
ciertos temas. Creo que recién en el año 2019, entendí la razón de mi pasión
por la banda.
Coincido bastante con la frase que pronuncia el personaje de Gastón Pauls
en Días de Vinilo (Gabriel Nesci,
2012), respecto a que la música define gran parte de tu vida y forma de ser,
pero no solo la música, sino el tipo de música. Con solo decir un tema musical
o una banda, definís un posicionamiento en el mundo. Escuchar música "variada"
es una respuesta vacía frente al abanico de posibilidades ofrecidas.
Escuchar Oasis, aunque no lo parezca, es una suerte de posicionamiento
dentro del mundo. Cómo escribe el
periodista Juan Manuel D' Angelo en su blog Fútbol
Trotters, Oasis es como un equipo de fútbol que logra ser efectivo con muy
poco, pero hace gala de esa simplicidad. Es grupo orgulloso de jugar como
juega, sin importarle nada las etiquetas. Otros grupos similares, en tanto al
género Brit Pop, no se contentan con esta categoría. Grupos como Pulp o Blur,
que podrán ser mejores musicalmente, buscan quedar pegados a la intelectualidad
y al "decir algo".
Agregaría que sienta una tercera posición respecto a ciertos discursos
artísticos. Es en este aspecto en el que me siento más identificado.
Oasis logro superar el tono solemne de los grupos de esa época, sin
necesariamente abrazar el positivismo ridículo.
En los 90', el grunge era uno de los géneros más populares. Sus
canciones son, en su gran mayoría, bastante deprimentes. Y desde mi punto de
vista, venden una solemnidad que no conduce a nada. Dicho de otra forma, uno
puede cantar respecto a lo que le aqueja y sentirse mal o hacer algo al
respecto.
En esta última oración, se apoya Oasis. Live
Forever, por citar uno de los múltiples ejemplos, sienta una clara
distancia. Invitando a vivir la vida, pero no de una manera hueca, sino por
puro existencialismo, estamos acá, algo hay que hacer.
Esto no quiera decir que la banda no se haya prendido en dejar un
"mensaje" (Canciones como Little
by Little dejan en claro una postura bastante obvia e infantil) sino que
entienden que no es lo más importante. Al mismo tiempo que, aceptan sus
deficiencias y construyen a partir de eso.
Comparto también la visión sobre el amor que, tanto Noel como Liam,
supieron impregnar en múltiples temas. El amor como una entrega completa y
sincera, muchas letras tienen implícitamente un destinatario y expresan una
mirada cómplice. Es curioso cómo, a pesar de la extroversión de los cantantes,
sus canciones reflejan la introversión misma.
Al mismo tiempo, muchas de sus canciones están escritas como un cuento. Talk Tonight, por ejemplo, sería un buen
cuento salingeriano. Urdeneath The Sky
o Half The World Away, buenas fábulas
emancipadoras. The Masterplan, un
gran cuento sobre conspiraciones. Sunday
Morning Call o Falling Down se
podrían adaptar a la fantasía. Y así con más ejemplos.
Una de las críticas más escuchadas sobre la banda es su similitud con los
Beatles. La expresión es parcialmente cierta. Sí, utilizan ciertos aspectos de
las canciones de los Beatles, pero no con el intento de copiar, sino de
realizar una relectura, darle un nuevo valor a su música. Tampoco sucede esto
en la totalidad de la obra.
Un ejemplo más cercano puede realzar este argumento. Greta Van fleet, por
ejemplo, copia totalmente a bandas como Led Zeppelin o Gun's and Roses, tanto
por una decisión empresarial como por la falta de un punto de vista propio.
Imitan los gestos, arreglos y voces de los vocalistas.
Salvando las distancias, se puede establecer un paralelismo con el cine.
Brian de Palma relee la obra de Hitchcock, no la plagia, trata de encontrar
otro punto de vista. Lo otro no serviría de nada ni aportaría nada nuevo. Strangers Things, en cambio, utiliza a
mansalva las series y películas de los 80' porque detrás de ello hay una
decisión empresarial, no de amor y/o identificación con esos productos.
Con la música es lo mismo.
Estas y otras cosas, son las que me identifican completamente con esta
banda y su forma de ver el mundo. Podría
detenerme a detallar cada una de ellas, pero prefiero quedarme con los buenos
momentos que me han hecho pasar y los que espero estén pasar.




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