Cuento: Conclave en Washington Street
Conclave
en Washington Street
Llevaba tiempo pensado en escribirte. No sabía de qué manera agradecerle
por todo lo hecho por nosotros, querido John Coltrane.
Bruce, como ya sabes, es bastante tímido para dar las gracias o enviar
saludos. Así que me tomé el atrevimiento de escribirle a usted en su nombre,
pero también para que comprenda la magnitud de lo que usted consiguió en la
hermosa tarde de fin de semana que pasamos en la mansión Wayne.
El asado estuvo muy rico y a punto de cocción. Nunca lo habíamos probado,
nosotros solemos comer barbacoa o juntar varias comidas y cenar con un guiso o
un estofado. De paso, descubrimos que el comisionado Gordon es un excelente
asador. La forma en que acomoda las achuras, las verduras, pone el carbón y al
mismo tiempo cuenta anécdotas me dejó fascinado. Claramente, tenía probada
experiencia en esto.
Fue muy generoso en invitar a toda la liga de la justicia, asistieron
todos. Obviamente Batman, pero acompañado por Superman, la Mujer Maravilla,
Flash, Linterna Verde, Cyborg, Aquaman, el Detective Marciano, la Chica Halcón,
El hombre de plástico, Robin, Batichica, Shazam, Supergirl, Starfire y Fecha
Verde.
Fue una buena decisión invitar a Vincent van Gogh, a pesar del esfuerzo
inhumano de La Liga Extraordinaria por buscarlo en su tiempo y a pesar de que
él no terminaba de entender todo lo que sucedía a su alrededor. Por su suerte, La
Liga Extraordinaria supo explicarle quienes eran estás personas y porque
vestían de esa forma. Pero no dejo de pensar la extrañeza de la situación para
el propio Van Gogh.
Pero retomando con los hombres con poderes, desde que los héroes vencieron
a Darkseid, no se volvieron a juntar, tanto por la épica lograda como por el
fallido triángulo amoroso entre Clark, Bruce y Lois Lane. Se notaba que
necesitaban encontrarse después de todo lo que había pasado. Me emocioné con la
cantidad de historias que desplegaron, estallé de la risa con la historia de la
vez que confundieron a Linterna verde con un juego de luces en una fiesta
electrónica.
Nunca pensé que todos podían llevarse tan bien fuera del trabajo y que cada
uno tenga su debido protagonismo en la charla. Las posiciones políticas de cada
uno son muy marcadas y tenía miedo de algún que otro desencuentro, ya sabe
usted que tanto Flash como Superman son hombres de izquierda y que tanto como
Batman como Flecha Verde son bastante pro policía.
Ni hablar si nos ponemos a hablar de equipos deportivos, Bruce se
entusiasma mucho y le apuesta a lo que sea. El otro día asistió al partido del DC
United contra el Real Salt Lake. Entiendo que le sobra dinero para gastar, pero
debería ponerle un alto a su adicción por el juego.
Y hablando del juego, me divertí bastante arbitrando el partido de fútbol
entre La Liga Extraordinaria y La Liga de la Justicia. Nadie podía parar a
flash, quien corrió como nunca en su vida, incentivado por las vistas de la
Mujer Maravilla y Batichica. Pero dejo todo, no hay que decirle nada.
Si hubo una cara feliz a destacar, sin duda fue la del joven Wayne. Aparte
de todos los halagos que extendí hacia usted, hay una razón más profunda para
escribirle esta carta. Y esta razón se relacionaba con las constantes negativas
de Bruce.
El señor Wayne rechazaba constantemente sus cartas por una razón particular.
La historia que leerá a continuación sucedió hace unos dos años
aproximadamente.
Bruce paraba en aquel lugar, tras un ajetreado día de trabajo. Tanto por el
trabajo de industrias Wayne como por el de Batman. Era una fría noche de un
viernes de invierno, su auto no funcionaba y me envió un mensaje que recién al
otro día, pude escuchar.
Supongo que, por la buena música, los tragos y la soledad, prefirió pasar
la noche en aquel lugar. Deprimido
por su trabajo, quería bañarse en unos buenos tragos. Se sentó en una silla al
final del pasillo, decidido a embriagarse, pero sin que nadie notará su
presencia.
A pesar del esfuerzo, una muchacha lo vio. Una chica de pelo negro largo,
ojos negros, nariz respingada, tez blanca y de unos veinti tantos años de edad.
Charlo con Bruce y lo motivó a salir del pozo depresivo en que se
encontraba. A la hora de comenzar la charla, decidieron ir a caminar, a pesar
de la soledad y frialdad de la noche. Al parecer, ella no estaba interesada en
la fortuna del señor Wayne ni nada por el estilo, era un alma perdida igual que
él.
Recorrieron la fría y peligrosa noche de jersey juntos. Se subieron a la cima
de un edificio sobre la calle Washington y desde ese lugar vislumbraban todas
las luces prendidas de la ciudad, las personas con sus autos y pensaban en la
velocidad del tiempo.
En ningún momento, se cansaron el uno del otro. Pensaron en escribir algún poema o sus iniciales en el piso
del techo del edificio, pero se resistieron y prefirieron que su noche quede
como un recuerdo, que cada uno atesore.
En ningún momento le dijo de su segunda identidad, solo hablaron de sus
problemas y sus deseos. En medio de la
noche, se largó a llover y Wayne tapo a la joven con su sobretodo
No sé qué le habrá dicho, pero le puedo asegurar que al día siguiente el
amo Wayne era el hombre más feliz del mundo. Lamentablemente, a la mañana del
día siguiente se tuvieron que despedir. La joven debía visitar a sus padres y
Bruce tenía que resolver un par de asuntos importantes en la empresa.
Decidieron que se encontrarían la semana próxima, el mismo día en el mismo
lugar.
Fui a buscar a Wayne en la dirección correspondiente y no podía creer la
felicidad en su rostro. Cuando se acordó que la joven nunca le había dado su
nombre, sufrió el desánimo más grande que le he visto.
A pesar de eso, a la semana siguiente volvió a aquel lugar, pero no la
encontró. Y la siguiente también, la otra siguiente y una semana más. No hubo
caso, nunca más se presentó a la cita.
Entiende usted porque el amo Wayne no tenía el ánimo suficiente para
resolver un crimen y debe
entender que le devolvió el ánimo y las fuerzas que Bruce había perdido. No
debe subestimar el poder de sus palabras y acciones, querido señor Coltrane.
Le agradece profundamente, Alfred Pennyworth.
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